
Curar el cáncer, no luchar contra él
-Debemos evitar que nuestro organismo tenga que luchar por mantenerse vivo. Nosotros mismos podemos curarnos responsabilizándonos de todos las aspectos de nuestro vida, incluido el cuerpo. Sanarse de verdad implica dejar de luchar, pues luchar es lo que verdaderamente impide una auténtica curación.
La manera de contemplar el cáncer y los pasos a dar tras el diagnóstico son los factores más determinantes para el bienestar futuro o la falta de éste.
El 90-95% de los cánceres aparecen y desaparecen sin más. No pasa un sólo día sin que el cuerpo humano cree millones de células cancerosas. Hay personas que en período de estrés forman más células cancerosas de lo usual y forman colonias de dichas células que desaparecen por sí solas, una vez que la personas se sienten mejor.
En situaciones de estrés físico y mental hay un descenso de las secreciones del INTERLEUKIN II, una sustancia química anticancerígena del ADN que aumenta de nuevo cuando se está relajado y feliz. De modo que la mayoría de los cánceres desaparecen sin intervención médica y sin causar perjuicio alguno.
En este preciso momento, hay millones de personas que van por la vida con tumores cancerígenos y no tienen la menor idea de ello. Asimismo, hay millones de personas que superan el cáncer sin ni siquiera saberlo.
Una vez diagnosticado un cáncer no se le da ni la más mínima ocasión de que remitan por sí solos ya que inmediatamente se les ataca con un arsenal de armas mortales, como la quimioterapia, radiaciones e intervenciones quirúrgicas.
El paciente, aterrorizado por el diagnóstico, someten a su cuerpo a todos estos métodos de cortar, quemar, envenenar el cuerpo, métodos que suelen llevar, tarde o temprano, al día de la sentencia final.
No existe ninguna prueba científica real de que el cáncer sea una enfermedad (y no un mecanismo de supervivencia). La mayoría de la gente insiste en que es una enfermedad porque le han dicho que lo es.
