Gérmenes e infecciones

La palabra gérmenes se refiere a las bacterias, los virus, los hongos y los protozoos microscópicos que pueden "causar enfermedades". 

Las bacterias destructivas aumentan de cantidad, de modo natural, allá donde hay más materia de desecho que requiera su descomposición. La mayoría de bacterias se producen en el interior del cuerpo, y pocas proceden del exterior. El cuerpo, de modo natural, "cultiva" bacterias a partir de los indestructibles y diminutos coloides que hay en nuestra sangre y en nuestras células. Estos componentes celulares se llaman también microenzimas o prótidos. 

Según el fenómeno del pleomorfismo, esos prótidos se desarrollan o cambian de forma según las condiciones cambiantes de la sangre (equilibrio ácido-base) o del entorno celular. Cuando el entorno celular se torna ácido y tóxico, los prótidos se convierten en microorganismos diseñados para descomponer y eliminar las células muertas, las toxinas y residuos metabólicos que el cuerpo no puede eliminar. Cuando se requiere la destrucción de células deterioradas o débiles y de otros residuos, los prótidos se tornar virus, y, finalmente, hongos.

Pensemos en lo difícil que es deshacerse de los hongos de las uñas de los pies. La presencia de tejido podrido o muerto en el pie hace que el cuerpo produzca cada vez más hongos para acabar con las partes descompuestas, sin vida, de las uñas.

Las células cancerosas están repletas de todo tipo de microorganismos. La medicina alopática no se explica realmente cómo llegan esos microorganismos a las células, a menos que sean víricos (que además los virus son exosomas). La mayoría de los médicos suponen que los gérmenes provienen del exterior pero esa suposición es incierta.

Tal como demostraron los científicos Béchamel y Enderlin, esos gérmenes se crean en el interior de las células en respuesta a la presencia de residuos tóxicos que el cuerpo no puede eliminar. Además, esos mismos gérmenes pueden atacarse a sí mismos en otros tejidos celulares desnutridos. A esta actividad se le denomina comúnmente infección. Sin embargo, al igual que el cáncer, una infección no es una enfermedad, sino una tentativa bastante complicada que el cuerpo y los microbios llevan a cabo para impedir la asfixia y el envenenamiento motivado por el material de desecho tóxico acumulado en los tejidos, en el sistema linfático o en la sangre.

Una infección, si se afronta adecuadamente con métodos de limpieza y nutrición, puede prácticamente evitar la mutación genética de las células aeróbicas en el interior de las células cancerosas. 

Durante los procesos de fiebre, los tumores se deshacen y las células cancerosas son eliminadas por medio del sistema linfático y otros sistemas de eliminación.

Con el contacto con el oxígeno, las células cancerosas mueren instantáneamente o de lo contrario mutan de nuevo en células normales.

En algunos casos, han desaparecido de ese modo en un intervalo de 24 horas, tumores cerebrales tan grandes como un huevo. El proceso estándar de suprimir una infección y la fiebre resultante en los enfermos hospitalizados es una práctica médica inadecuada, responsable de la pérdida de millones de vidas que podrían salvarse fácilmente dejando que la naturaleza siguiera su curso. 

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