
Tratamientos anticancerígenos
Un estudio es considerado un éxito y un gran avance médico si los tumores de los pacientes se redujeran con tratamientos agresivos, aunque la mayoría de esos pacientes murieran. Así es nuestra ciencia médica actual.
El intento de tratar al cuerpo como si fuera una máquina que sólo responde a manipulaciones mecánicas o químicas está abocado a sufrir grandes consecuencias. Una única sesión de quimioterapia o radioterapia puede resultar fatal.
"Nuestros sistemas más efectivos están repletos de riesgos, de efectos secundarios y de problemas prácticos, y aunque todos los pacientes que tratamos pagan ese precio, sólo un pequeño porcentaje de ellos se ve premiado con una pequeña regresión incompleta del tumor"
Doctor Charles Moertel, veterano oncólogo de la famosa clínica Mayo de Minnesota.
Los éxitos obtenidos por la terapia moderna del cáncer son pésimos, considerablemente inferiores incluso a los resultados más poco significativos del efecto placebo. Como promedio, los tumores sólo remiten en el 7% de los pacientes. Por otra parte, no hay evidencia de que ese 7% de "éxito" sea el resultado de los tratamientos recibidos, puede incluso que se haya dado a pesar de esos tratamientos. Además, teniendo en cuenta que la tasa mundial de reaparición del cáncer es del 50%, un 7% no es un % demasiado exitoso. Un tratamiento médico que promete una reducción temporal del tumor en un 10% de los pacientes no es una terapia esperanzadora, es más bien una apuesta con sus vidas.
La industria del cáncer intenta usar la evidencia estadística para convencernos de que necesitamos poner la vida en sus manos. Sin embargo, algunos de los casos "resueltos" con quimioterapia se limitan a tipos de cánceres relativamente escasos como el linfoma de Burkitt y el Choriocarcinoma, tan extraños que muchos médicos no han visto ni un solo caso.
El gran récord supuestamente conseguido por la quimioterapia en la enfermedad de Hodgin (linfoma) es una auténtica mentira.
Los niños con la enfermedad de Hodgin que han recibido un tratamiento exitoso tienen 18 veces más probabilidades de desarrollar tumores secundarios malignos.
Según el Instituto Nacional del Cáncer, los pacientes que habían recibido sesiones de quimioterapia tenían 14 veces más probabilidades de desarrollar una leucemia y 6 veces más probabilidades de desarrollar cánceres de huesos, de articulaciones y tejidos blandos que aquellos pacientes que no habían seguido tratamiento de quimioterapia.
Si una persona tiene un hijo con linfoma y rechaza el tratamiento, se arriesga a ser perseguido por la ley y a que le retiren la custodio del niño.
Las estadísticas son muy engañosas. Se contabilizan cosas que no son cáncer, y, dado que ahora podemos diagnosticar la "enfermedad" en su etapa inicial, se refleja falsamente que los enfermos viven más tiempo.
Se incluyen estadísticas a más mujeres con enfermedades benignas o no mortales y se informa de que se han "curado".
Cuando el gobierno anuncia eso oficialmente y dice que está ganando la guerra contra el cáncer, está utilizando esos datos de supervivencia indebidamente. Dr. J. Bailer (New Journal of Medicine sploct)
Con una tasa de mortandad no menor, sino un 6% mayor en 1997 que en 1970, no hay indicio alguno de que la moderna terapia del cáncer sea científica, ni efectiva, ni que valga la pena, el dolor y el esfuerzo y los grandes desembolsos económicos.
Partiendo de una tasa de fracaso no inferior al 93%, la terapia médica contra el cáncer no puede considerarse un tratamiento sino una seria amenaza para la salud pública.
La quimioterapia es tan dañina que unas cuantas gotas vertidas en una mano pueden agujerearla. Imagínate los agujeros que produce en los vasos sanguíneos, los conductos linfáticos y los tejidos orgánicos. Sí, es cierto que esa medicación destruye las células cancerosas, pero al mismo tiempo destruye también los normales. Por esa razón, se pierde el cabello y no puede digerir los alimentos.
Según el Doctor Abel, en ninguno de los estudios realizados existen pruebas científicas comprobables que demuestren que la quimioterapia pueda alargar de modo apreciable la vida de los pacientes que sufren los cánceres más comunes.
La verdad significaría un coste demasiado alto para que la industria farmacéutica pudiera asumirlo. Si los laboratorios retiraran de pronto sus engañosos anuncios de las cadenas de tv, de las emisoras de radio, de las revistas y de los periódicos, los medios de comunicación irían a la bancarrota.
La reducción temporal de un tumor por medio de la quimioterapia no ha demostrado nunca que ello signifique una curación del cáncer o una mayor expectativa de vida.
La quimioterapia puede ocasionar úlceras bucales graves, su química puede destrozar por completo las paredes intestinales y la pérdida total de la energía.
Cuando uno tiene cáncer puede llegar a pensar que la fatiga forma parte de la enfermedad, pero raramente es así. Esa sensación se debe probablemente a la anemia, efecto secundario muy común en la mayoría de las fármacos de la quimioterapia.
La quimioterapia puede llegar a reducir el número de glóbulos rojos, y ello reduce el oxígeno a todas las células del organismo.
A largo plazo, uno de los efectos secundarios es que el cuerpo ya no puede asimilar más las respuestas nutricionales o inmunológicas al cáncer. Todo ello explica por qué los pacientes que no reciben tratamiento alguno experimentan un remisión del tumor veces mayor que aquellos que sí reciben tratamiento.
El tratamiento con quimioterapia priva a los pacientes de la oportunidad de encontrar o responder una cura real.
